microcuento

Correspondencias II

Vienes a mi en imágenes:

mi mente suspendida

por tu fantasma.

La mañana que se acerca,

no basta;

es inútil despertar:

preciso de ti.

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Texto: Mayu B. 26/12/2013, Quito.

Fotografía: Karen Toro 10/01/2014, Quito.

Título de la imagen: Profundo.

Toma Digital

cazadoras

En un día frío y nublado él está sentado frente a la ventana pretendiendo dibujar, pero yo sé que lo que realmente hace es distraerse con las hojas que caen y los gatos que merodean el parquecito que rodea el edificio de AYSA.

Desde el séptimo piso, un ventanal enrejado.

De pronto me empieza a gritar, me induce a ver algo extraño en el segundo árbol de la esquina de enfrente. Un ave grande que no podemos reconocer del todo, se ha posado sobre una rama del desvestido árbol y las ramas del rededor se agitan. Parece tener plumas marrones y al final de las alas un poco de blanco.

Me apresuro a buscar la cámara y justo en el momento del disparo el ave ha saltado al vuelo. Atraviesa la calle con un vuelo ligero y peligrosamente bajo, no pasa ningún auto y menos mal ninguna persona. Cuando llega a la vereda bajo nuestra ventana se encuentra con cinco palomas que comían distraidamente, las palomas se asustan al ver el ave y  cuatro de ellas logran escapar de sus garras.

El ave ha atrapado una de las palomas, picotea un par de veces mientras la inmoviliza con una de sus patas. La tiene bien sujeta y alza el vuelo nuevamente pero ahora alejándose de nuestra vista…

 

He dejado Quito atrás

1 de febrero, he dejado atrás Quito.

Aeropuerto internacional de Lima. 00:13 am.

Estoy en la puerta 28, hace cuarenta minutos que estoy sentada, hace calor, lo extraño, sé que dentro de unas pocas horas nos reencontraremos pero parece que eso me pone todavía más ansiosa.

Cuando el avión despegó a las 20:45 de Quito (la Carita de Dios dicen…) sentada en la ventana mirando hacia abajo vi como las pequeñas luces de esa ciudad accidentada iban desapareciendo en medio de una espesa niebla, vi como las montañas se iban alejando, siento que cada vez extrañaré menos esa ciudad que me vio nacer y eso encima me entristece.

Sigo sentada, hay un montón de energúmenos sentados frente a mí, parece que son de un equipo de futbol argentino, pero mi falta de conocimiento en esa área me impide saber a que equipo pertenecen, tampoco me interesa. Me puse mis soberbios audífonos y estoy escuchando Screamin’ Jay Hawkins a todo volumen. Veo que se ríen, hacen bromas, parece que todo les es gracioso, los niños les toman fotos y quiero subirle más al volumen, ya me está provocando dolor de cabeza el solo pensar que tengo que compartir el avión con ellos.

Una espera… que desespera.

0:21 no hay wifi gratis en este aeropuerto, ya creo que debo abordar, ahora suena Portishead.

Pd: Buenos Aires 2 de febrero ,18:28. Resulta que los energúmenos eran del Arsenal.

El barrio, raíces

Siempre de un lado a otro pero nunca ha sido para ir más alto que Quito, es por eso que sé que acá el frío es diferente…

 

Retorno entre el sube y baja (*)

Las montañas me conmueven desde el avión, y se viene ese llanto de alegría-confusión, ¿quién entiende que se extrañe esa ciudad de invierno? Esa que todos los días te pervierte en el culebrón de calles oblicuas y te hace sudar entre el desconcierto y el cansancio de esas subidas… Floresta, San Roque, Guápulo, Vicentina, El Tejar!… calles vacías esas de la noche loca, y respira profundo antes de doblar cada esquina; le sorprende todo ese barroco a su regreso.

*microcuento, enero 2010, kt.