mis letras

Partes del proceso involuntario

Somos seres que formamos parte de algo, digámosle “realidad”, que nos desborda y nos precede, así mismo creo fervientemente que la fotografía no puede más que ser otra parte del constante juego azaroso del presente.

 

Cuando disparas una fotografía crees que has capturado un momento que se prestará a una contemplación si se quiere perpetua, pero en verdad nunca se sabe que pasará después, ya que como en todo proceso, a veces las partes que lo conforman son involuntarias.

 

Durante un poco más de dos años que una idea me da vueltas en la cabeza, en un momento de lucidez de una noche poco clara había creído que muchas de las imágenes de mi trabajo fotográfico eran eslabones de algo que me empeñé en llamar las PARTES DEL PROCESO INVOLUNTARIO, ahora las piezas van encajando.

 

proceso_

 

Parte I – Error

Revelado parcial de película

Forte BN, Pentax k1000, escaneo digital

Quito – Ecuador 2014

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Lanzamiento TRASCÁMARA

El sábado 11 de mayo a las 17hs en el cine Ochoymedio de Quito (Valladolid y Vizcaya) se realizará el lanzamiento de TRASCÁMARA, un libro de reflexión sobre la fotografía desde fotógrafos.
Editado por Alex Schlenker reúne trabajos de Argentina, Alemania, Bolivia, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, República Checa y Suecia. Y en el cuál participo yo.

Vayan, están todxs invitadxs!

Habrá una conversa-debate después del lanzamiento con los autores que pueden estar presentes.

z-Trascamara-lanzamiento

Metal friends

Un enano de metal anda suelto en la ciudad mimetizándose en ella.

Enero 2012

Quito – Ecuador

despues de la tormenta…

11dic-extremo

[…] viene la calma, dicen.

Autorretrato con botas.

Buenos aires 11 de diciembre del 2012.

Saldo del concierto de Extremoduro: dolor agudo de cuello, moretones en las rodillas, cara hinchada, resaca, mucha alegría y mucha bronca, y mucho amor.

Pentax k1000

fujifilm 200

cazadoras

En un día frío y nublado él está sentado frente a la ventana pretendiendo dibujar, pero yo sé que lo que realmente hace es distraerse con las hojas que caen y los gatos que merodean el parquecito que rodea el edificio de AYSA.

Desde el séptimo piso, un ventanal enrejado.

De pronto me empieza a gritar, me induce a ver algo extraño en el segundo árbol de la esquina de enfrente. Un ave grande que no podemos reconocer del todo, se ha posado sobre una rama del desvestido árbol y las ramas del rededor se agitan. Parece tener plumas marrones y al final de las alas un poco de blanco.

Me apresuro a buscar la cámara y justo en el momento del disparo el ave ha saltado al vuelo. Atraviesa la calle con un vuelo ligero y peligrosamente bajo, no pasa ningún auto y menos mal ninguna persona. Cuando llega a la vereda bajo nuestra ventana se encuentra con cinco palomas que comían distraidamente, las palomas se asustan al ver el ave y  cuatro de ellas logran escapar de sus garras.

El ave ha atrapado una de las palomas, picotea un par de veces mientras la inmoviliza con una de sus patas. La tiene bien sujeta y alza el vuelo nuevamente pero ahora alejándose de nuestra vista…

 

UN QUIJOTE MODERNO

 

En la actualidad nos movemos en un contexto social y cultural que ha sido notoriamente modificado por los avances tecnológicos. Sería muy difícil hoy imaginarnos una vida sin celulares, televisión, internet, etc. Estamos sumidos en una especie de necesidad permanente de estar “conectados con el mundo” a través de cualquiera de estos aparatos tecnológicos.

Probablemente hoy Alonso Quijano no enloquecería en las bibliotecas devorando novelas de caballería sino absorto frente a la pantalla calidoscópica del ordenador, una ventana que nos abre un mundo doble y simétrico, como el que Alicia descubrió al atravesar el espejo, un mundo paralelo en el que podemos vivir y aventurarnos, y en el que la realidad puede doblegarse en gran medida a nuestras apetencias.[1]

Nos encontramos ahora en la etapa de la “era de la electricidad” (término referido por Derrick De Kerckhove), donde nuestro imaginario colectivo, nuestra configuración cultural y por lo tanto nuestras relaciones sociales están mediadas e íntimamente atravesadas por las nuevas tecnologías y nuestras vidas casi condicionadas por estas. No resulta descabellada así la imagen actualizada que Joan Fontcuberta nos propone del noble Don Quijote; si somos capaces de poner una visión crítica sobre nosotros mismo reconoceremos que la interacción con “el mundo” mediada por las pantallas (con su propia producción, transmisión y proyección continua de imágenes) es ahora una forma ‘natural’ de relacionarnos y a la vez aislarnos de los demás. El universo de lo visible (porque al parecer la realidad va quedando relegada a la esfera de lo visible y en menor medida lo audible; se relega lo palpable) se ha traspuesto en una pantalla donde proyectamos nuestros modos de vivir, sentir o pensar (lo que de cierta manera deriva en lo que Diego Levis denomina “Tecnomadismo”[2]).

El cine, que como el resto de las artes, indaga sobre los modos de representación de nuestra experiencia de realidad, no escapa de este contexto hipermoderno inmerso y dependiente de las nuevas tecnologías, es además un claro ejemplo.

Desde sus inicios el cine se instauró como un gran convocante de masas, en un principio llamadas por la novedad con los programas de los hermanos Lumière y poco a poco cuando se reforzó como dispositivo narrador; lo que llevó a las convenciones de lo que ahora observamos como un “estilo clásico” principalmente desarrollado y sobretodo explotado en los Estados Unidos, es así que se reconoció la rentabilidad eventual de este arte que devendría en industria.

La estandarización en la producción cinematográfica dio paso a otros procesos en cierta manera complementarios, como por ejemplo la homogenización, cuyo objetivo principal es “hacer asimilables los contenidos más diversos a un hombre medio ideal”[3], es así que se pensó el cine como un medio universal, que resulta obviamente en una imposición -sutil- de modelos y valores del lugar de producción.

Los diferentes avances tecnológicos tuvieron también su influencia en el cine que además permitieron su continua re-definición y marcaron distintas etapas en su desarrollo: el cine sonoro con la posterior sincronización, la posibilidad del color, el cambio de formato, las vanguardias que rompieron con la producción de un cine claramente estandarizado (el neorrealismo italiano y la Nouvelle vage son los referentes). Después de estos ‘escalones’ avanzados por el cine nos encontramos con que ahora está en una nueva etapa, la de “pantalla global”.

Gilles Lipovetsky y Jean Serroy usan el término ‘pantalla global’ para referirse al creciente dominio de la gran pantalla[4]; resulta notoria la enorme influencia cultural (desde su estética, modos de producción y representación, técnica, etc.) del cine en las sociedades.

…el espíritu del cine se ha apoderado de los gustos y comportamientos cotidianos. […] Lo banal, lo anecdótico, las grandes catástrofes, los conciertos, los actos de violencia son hoy filmados por los actores de su propia vida.[5]

Es ahora una práctica común entre las personas usar sus celulares, cámaras compactas o profesionales, sus computadoras, pequeñas filmadoras y demás aparatos para “documentar” o actuar sus experiencias, luego subirlas a internet, a canales como youtube o vimeo y compartirlo en las redes sociales, tal vez no con la idea de que constituya una obra artística (como se piensa del cine) pero sí por una “necesidad” de mostrarse. Así las pantallas se fueron tornando en una “refinada forma de control”, no nos separan ya de las representaciones sino que nuestra vida es casi una representación, está el claro ejemplo de las redes sociales donde las personas pueden construir su vida como les plazca, “se sitúan en la red expresando un doble impulso narcisista y exhibicionista que también tiende a disolver la membrana entre lo privado y lo público”[6]. Las pantallas nos exponen por un lado, pero a la vez ocultan nuestra corporalidad tras la virtualidad (desmaterialización).

Es decir que esas masas (“el público”) convocadas desde el nacimiento del cine por “la novedad”, de ser los espectadores y además, pertenecer al círculo de hiperconsumo de esta industria son ahora también profetas de un gusto cinematográfico y asimismo realizadores y protagonistas de este. Todo esto resultado de “la multiplicación de pantallas, en un mundo pantalla en el que el cine no es más que una entre otras.”[7]

En un principio hemos mencionado ya que estamos en un momento donde la cultura mediatizada tiende a convertir todo en una representación, y a la vez estas representaciones están basadas en las pantallas, . El cine se erigió como modelo dominante (no solo estético sino también en la experiencia) y así “la vida real está sometida a los dictámenes de la apariencia y la simulación”[8]; las primeras pantallas utilizadas para la proyección de imágenes (las linternas mágicas, la cámara oscura, las sombras chinescas, fantasmagorías, etc.) mantenían siempre una cierta distancia con el espectador, poco a poco estas proyecciones fueron acrecentándose (en todo sentido) y a la par acortándose esa distancia – barrera; ahora la pantalla del ordenador nos permite estar muy cercanos a la imagen y ni se diga la experiencia de la “realidad virtual” que de plano elimina esta barrera y es el ejemplo cumbre de la simulación. No es gratuito así la utilización de herramientas digitales para realizar “retoques” en toda clase de imágenes que podríamos casi compararlas con el objetivo de la cirugía estética.

A modo de encaminar una conclusión para el presente ensayo se ha tomado el cortometraje “Fast film” de Virgil Widrich.[9] Este cortometraje austríaco de 13 minutos le tomó a su realizador dos años de trabajo, él utilizó 65.000 fotogramas de 300 películas distintas para hacer una especie de collage cinematográfico.

A pesar de ser un rejunte de fragmentos de diferentes escenas podemos reconocer una historia: después de una escena de amor, una mujer es secuestrada y su amado se pone en la tarea de rescate, se la han llevado en un tren y él tiene que superar algunos obstáculos, está siempre al borde del fracaso pero se acerca cada vez más a donde está su novia, cuando la historia da un revés y parece que todo está perdido, el héroe logra salir vencedor matando a los villanos.

Podría ser la sinopsis de cualquier western estadounidense, Widrich se ha servido de los más clásicos clichés del cine estandarizado para hacer su “Fast film”, entonces no parece gratuito ni coincidencia el parecido que el nombre del cortometraje tiene con la llamada “fast food”, remite sino a un cine de consumo rápido, masivo y de descarte inmediato, es un claro ejemplo e irónico además sobre las dinámicas y el discurso de la industria cinematográfica.

Por otro lado Fast film no apela a la verosimilitud, ya que si bien la historia y la narración están atravesadas por los lugares comunes del cine estandarizado su técnica (esa especie de collage de imágenes obviamente realizado con herramientas digitales de postproducción: stop motion) deja al descubierto “la farsa”, no como precisamente la norma manda a que el montaje sea “invisible”. Widrich por lo tanto ironiza todas estas cuestiones, y además nos muestra un cortometraje donde cada vagón de tren, cada ventana o puerta puede también ser una nueva pantalla.

Si bien no pretendemos satanizar las actuales dinámicas mediáticas de la cultura, ya que cabe también destacar que las nuevas tecnologías han servido muchas veces para realmente mejorar las comunicaciones, pretendemos poner una mirada crítica para lo que esta “pantallocracia” está produciendo, no deberíamos naturalizar la permanente vigilancia que impone un sistema que promueve por un lado el aislamiento de los individuos en la esfera virtual  y por otro crea una “población con bajos niveles de confianza, que desvaloriza lo colectivo y que vive con una alta percepción de inseguridad”[10], ni deberíamos dejar que las comunicaciones virtuales suplanten nuestra real interacción con otros individuos y los espacios. No vaya ser que llegue el día en el que estemos tan mimetizados con las pantallas que al salir a la calle queramos modificar la intensidad de la luz del sol.

 

 

Filmografía:

 

–       Fast Film, Virgil Widrich, (2003), [En línea] http://www.dailymotion.com/video/xbd1za_fast-film-de-virgil-widrich_creation

 

Bilbiografía:

 

–       DE KERCKHOVE, Derrick. “Los sesgos de la electricidad”. Revista Artnodes, UOC.

–       FONTCUBERTA, Joan, “Por un manifiesto posfotográfico”. (11/05/2011) Versión en línea del periódico La Vanguardia, recuperado el 28 de abril del 2012, http://www.lavanguardia.com/cultura/20110511/54152218372/por-un-manifiesto-posfotografico.html

–       GÓMEZ ISLA, José, “Determinismo tecnológico y creación contemporánea”, Revista Comunicaciones, Universidad Complutense y Universidad Europea de Madrid, 2004.

–       Huhtamo, Erkki — Elementos de Pantallología, Revista Miradas, La Habana, EICTV, 2006. Disponible en: http://www.eictv.co.cu/miradas/index.php? option=com_content&task=view&id=475&Itemid=89

–       Lipovetsky, Gilles y Serroy, Jean — Las cuatro edades del cine, La pantalla global, Barcelona, Anagrama, 2007.

–       Levis, Diego —“Pantallas tecnómades”, en website Comunicación & Educación. Disponible en: http://www.diegolevis.com.ar/secciones/Articulos/Pantallas_tecnomades.pdf

–       MANOVICH, Lev, Los principios de los nuevos medios, Genealogía de la pantalla, El lenguaje de los nuevos medios, Barcelona, Paidós, 2005.

–       MORIN, Edgar, publicado originalmente en la revista “COMMUNICATIONS”, n° 1, París, 1961. / Traducción: “La industria cultural”, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1967.

–       SEGOVIA, Olga y NEIRA, Hernán, Espacios públicos urbanos: una contribución a la identidad y confianza social y privada, Revista INVI #20, Universidad de Chile, 2005, Santiago-Chile.


[1] FONTCUBERTA, Joan, “Por un manifiesto posfotográfico”. (11/05/2011) Versión en línea del periódico La Vanguardia, recuperado el 28 de abril del 2012, http://www.lavanguardia.com/cultura/20110511/54152218372/por-un-manifiesto-posfotografico.html

[2] Diego Levis (en su artículo Pantallas tecnómades) se refiere al proceso donde las sociedades telecomunicacionales tienden a convertir todo en una representación, lo que vuelve a los individuos en permanentes receptores y emisores de informaciones de todo tipo.

[3] MORIN, Edgar, publicado originalmente en la revista “COMMUNICATIONS”, n° 1, París, 1961. / Traducción: “La industria cultural”, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1967, Pág. 8.

[4] A partir del desarrollo que adquirió el cine y la consiguiente instauración como un espectáculo más, se uso este término para aludir a toda la cultura cinematográfica. (Huhtamo, Erkki: Elemenentos de pantallología, 2008)

[5] LIPOVETSKY, Gilles y SERROY, Jean, “La pantalla global” Cultura mediática y cine en la era hipermoderna, Editorial Anagrama, Pág. 25.

[6] FONTCUBERTA, Joan, OP CIT.

[7] LIPOVETSKY, Gilles y SERROY, Jean, Ídem, Pág. 28.

[8] GÓMEZ ISLA, José, “Determinismo tecnológico y creación contemporánea”, Revista Comunicaciones, Universidad Complutense y Universidad Europea de Madrid, 2004, Pág. 543.

[10] SEGOVIA, Olga y NEIRA, Hernán, Espacios públicos urbanos: una contribución a la identidad y confianza social y privada, Revista INVI #20, Universidad de Chile, 2005, Santiago-Chile, Pág. 166.

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Enero 2012

Kito – Ecuador

A veces las tardes me parecen azules,

y tengo sueños donde me regalan manzanas celestes.

He dejado Quito atrás

1 de febrero, he dejado atrás Quito.

Aeropuerto internacional de Lima. 00:13 am.

Estoy en la puerta 28, hace cuarenta minutos que estoy sentada, hace calor, lo extraño, sé que dentro de unas pocas horas nos reencontraremos pero parece que eso me pone todavía más ansiosa.

Cuando el avión despegó a las 20:45 de Quito (la Carita de Dios dicen…) sentada en la ventana mirando hacia abajo vi como las pequeñas luces de esa ciudad accidentada iban desapareciendo en medio de una espesa niebla, vi como las montañas se iban alejando, siento que cada vez extrañaré menos esa ciudad que me vio nacer y eso encima me entristece.

Sigo sentada, hay un montón de energúmenos sentados frente a mí, parece que son de un equipo de futbol argentino, pero mi falta de conocimiento en esa área me impide saber a que equipo pertenecen, tampoco me interesa. Me puse mis soberbios audífonos y estoy escuchando Screamin’ Jay Hawkins a todo volumen. Veo que se ríen, hacen bromas, parece que todo les es gracioso, los niños les toman fotos y quiero subirle más al volumen, ya me está provocando dolor de cabeza el solo pensar que tengo que compartir el avión con ellos.

Una espera… que desespera.

0:21 no hay wifi gratis en este aeropuerto, ya creo que debo abordar, ahora suena Portishead.

Pd: Buenos Aires 2 de febrero ,18:28. Resulta que los energúmenos eran del Arsenal.